Martes 16 de Septiembre de 2008
El Atlético del pasado curso dejó tras de sí la sensación de que no llegó a alcanzar todo lo que su potencial le permitía. Tal y como se dio la Liga, con un Barça en autodestrucción y cegado por el fulgor de sus propias estrellas; un Real Madrid milagroso y esclavo de la épica; un Valencia en permanente fagocitosis; y un Sevilla en cuarta marcha; muchos pensaron que quizás se había perdido una buena oportunidad para lograr algo más que un cuarto puesto. Claro, para ello habría sido necesario encontrar ese, demandado por Aguirre, protagonismo lejos del Vicente Calderón. Protagonismo y equilibrio. Dos ingredientes que faltaron en su justa medida. Convendría no volverse demasiado loco por lo que pasó el sábado en Valladolid. Es el segundo partido, es un aviso. Lo normal es que, en condiciones de superioridad numérica, el Atlético gane nueve de cada diez partidos.
Las virtudes de este equipo están a la vista, como desgraciadamente también lo están sus defectos. En una temporada en la que el fondo de armario será fundamental, será importante estar a la altura. Si no, no habrá nada que reclamar.
Tras lo sucedido en las dos primeras jornadas, pudiese parecer que la oportunidad vuelve a asomarse en el horizonte. Para aprovecharla habría que evitar noches como la de Valladolid. Tengo para mí que si el Atlético no jugase Liga de Campeones estaría obligado a pelear por la Liga. Y lo estaría, primero por calidad. Segundo, porque es su sitio natural, porque siempre se movió en el terreno de la exigencia


Enlaces recomendados: Hoteles
Copyright (©) 2007 El Mundo Deportivo S.A. - Todos los derechos reservados