Lunes 01 de Septiembre de 2008
Después de darle tantas vueltas en la pretemporada, la capitanía azulgrana no sufrirá más trastorno que la lógica sustitución del anterior tercer capitán, que era Ronaldinho, por otro jugador a designar por la propia plantilla.
La primera filtración al empezar el verano, procedente del club y no del vestuario, avanzó cambios en la jerarquía de la plantilla, dando a entender que se elegirían a nuevos capitantes como si se proyectara una especie de relevo también en este ámbito de la plantilla.
Cuando el equipo ya estuvo en marcha, el propio Carles Puyol habló alto y claro sobre el tema. Dijo que él no se iba a "aferrar al brazalete" y que respetaría la voluntad del vestuario porque entendía que "los capitanes representan al vestuario y son los jugadores quienes deben elegirlos". O sea que Puyol no habría aceptado otra capitanía que no fuera por designación directa y colectiva de sus propios compañeros, dejando vía libre, eso sí, a cualquir iniciativa que pudiera haber emprendido el técnico, Pep Guardiola, o bien la propia directiva.
El paso de los días ha puesto de relieve, por si alguien no lo tenía aún claro dentro del club, que los problemas del pasado no provenían precisamente de la capitanía, el último refugio de la disciplina, profesionalidad, sentido del club y orgullo azulgrana en los peores tiempos de la autocomplacencia deportiva. Ya dijo una vez Rijkaard que Puyol se "había hartado de gritar en el desierto", sin que nadie le hubiera hecho caso.
Ayer, Guardiola reconoció que "seguirán los capitanes que están, el vestuario es una balsa de aceite y Carles un gran capitán. Como mucho -añadió- se añadirá alguien más". Otra de las condiciones exigidas por capitanes y entrenador es que quien salga elegido antes haya presentado su candidatura, es decir que haya manifestado su voluntad de ser capitán
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