Domingo 03 de Agosto de 2008
La sensación mediática de que Pep Guardiola fabrica gladiadores para las colosales batallas futbolísticas que le aguardan no es más que eso, una sensación que a base de ser continuamente repetida y alabada parece la única gran aportación de Pep al 'new look' azulgrana. Si así fuera, qué paradoja. Precisamente, si Guardiola destacaba por algo cuando empezó era por canijo. La tocaba como nadie y organizaba al equipo como Dios, pero "es muy poca cosa", decían los profetas antes de que Pep condujera al Dream Team barcelonista camino de la Copa de Europa de Wembley.
Fútbol cerebral
La noticia sigue siendo que los jugadores ahora trabajan entre semana, pero el enfoque principal, la obsesión y el objetivo son futbolísticos. Otra cosa es que el fútbol moderno exija estar muy fresco y en forma para lo que el propio Pep espera de sus jugadores, que no es más que un elevado ritmo de balón, una supervelocidad en el juego y en el control de los espacios, mucho toque y más posesión. "No es correr, es pensar", acabó gritándoles a los suyos en un rondo de intensidad superlativa en el que un equipo la tuvo mucho rato y el otro lloraba y maldecía persiguiendo el balón bajo un calor de mil demonios.
La cabeza debe estar muy despierta y el cuerpo en tensión y preparado para ese juego casi de Play Station, que es mitad mental y mitad precisión, ni fuerza de choque ni maratones personales en cada partido. El Barça de Guardiola se prepara, como un reflejo propio de quien siempre aportó en el campo inteligencia y talento, para agotar al rival y no para vaciarse físicamente.
Lo que Pep busca es control del balón, del juego y la máxima eficacia en ataque; en definitiva, abusar de esa superioridad técnica que tantos milones de euros cuesta en fichajes. En Italia los harían defender al hombre, en el nuevo Barça el guión es redondo, el protagonista es el balón y los héroes son los que atacan, o sea todos menos Valdés.
Factor carácter
En ese mismo rondo de referencia cuando Puyol y Gudjohnsen casi roban el balón y lo acaban perdiendo estorbándose, el islandés ni se inmuta y el capitán ruge con un cabreo que estremece todo el campo. Pep, a quien el quejido le suena a gloria, reacciona complacido: "Ya me gusta, ya, que os cabreéis", comenta. Lógicamente, 'Guddy' no se entera. Aún es del Barça del pasado. Porque quien se crea que el Dream Team sólo tenía toque también se equivoca, en aquel equipo no había un sólo jugador que aceptase la derrota como algo normal en el mundo del fútbol. Simplemente, no la entendían.
La hora de la verdad
Ahora ya se acabaron los ensayos por el mero hecho de hacer probaturas. Tras el partido de Florencia Guardiola se ha puesto más serio que nunca. Lo que antes eran consejos ahora son órdenes y, sin llegar a la bronca, mensajes directos sobre cómo quiere que se hagan las cosas. De pronto se muestra expresivo con Martín Cáceres, cariñoso con Pedro y muy vehemente con Thierry Henry, a quien corrigió movimientos y acciones que durante el entrenamiento no acabaron de gustarle.
No hay debate aún, pero sí una gran expectación por ver cómo define finalmente Guardiola su primer once oficial. Es ahora cuando se enfrenta a la realidad de su propia filosofía. Si es primero el grupo, si de verdad lo es, habrá un banquillo de lujo cuando llegue el momento.
En cualquer caso, conocer al posible rival ha fijado ya una hoja de ruta concreta que este domingo por la noche se concretará aún más en el primer amistoso americano. Ante el Chivas mexicano se acabarán los experimentos, sólo queda resolver o ensayar determinados aspectos del juego o incluso probar algún jugador que, en función del rival o de las circunstancias, puedan venir mejor que otro.
Los ciclos no se explican ni se juzgan por cómo empiezan, sino por cómo acaban. Este ciclo, sin embargo, no irá más allá si no se resuelve la eliminatoria previa. Pero es bueno que se lo tomen como si fuera la final de la Champions
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