Volvieron a aparecer los pañuelos en la grada del Camp Nou. Y lo hicieron en repetidas ocasiones. Desde que un 'valiente' madrileño llamado Rubinos Pérez se atreviera con una injusta roja al joven y debutante Marc Muniesa en un intrascendente partido ante Osasuna la temporada pasada no se había vuelto a vivir semejante clima de indignación en el Estadi. Y tuvo que ser con el Getafe como 'invitado', el mismo que hace dos temporadas provocó otra pañolada. Entonces el agitar de los pañuelos iba dirigido a Joan Laporta, que aquella misma mañana había hecho famoso su ¡Al loro!, una interpelación que visto lo de anoche bien serviría ahora para avisar de lo que se le viene encima al Barça.
'¡Al loro! Arbitros bajo presión merengue' sería dos años después la mejor frase para resumir el peligroso momento por el que discurre el campeonato de Liga. Al Barça le espera una segunda vuelta muy dura, en la que deberá imponer su indiscutible mejor fútbol no sólo a sus rivales, sino a lo que pueda derivarse de la insoportable presión que los medios de propaganda madridista ejercen y ejercerán sobre el colegiado de turno.
El resultado de una semana en la que hasta algún medio de comunicación llegó a echar mano de un delineante para intentar demostrar (sin conseguirlo) que el gol de Pedro en Gijón era en fuera de juego se vio ayer. Una dura entrada de Piqué (sin mala intención y producto del ansia por deshacer un barullo) sobre Rafa, de esas que tan de moda está calificar como 'naranja', cayó del lado que esperaba el madridismo más exaltado: roja en lugar de amarilla, lo que convirtió un partido que tenía pinta de 6-0 en otra cosa bien distinta. El público se fue calentando a medida que Teixeira Vitienes dejaba sin castigo otro tipo de acciones. El mismo Rafa había protagonizado una similar sobre Messi que sólo tuvo advertencia, mientras que el árbitro perdonó dos o tres amarillas a Boateng y otra a Casquero, que en ambos casos hubieran supuesto expulsión y la consiguiente defunción del Getafe. Esas sí las perdonó, pero no la roja a Márquez en una última acción clara en el reglamento pero desproporcionada por la trascendencia. Y también echó a Aureli Altimira por protestar, propiciando un marcador tan injusto como inexplicable : 3 rojas y 3 amarillas para el Barça por 3 amarillas para el Getafe. Todo fruto de la campaña mediática merengue, que puso el Camp Nou en pie de guerra
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