Jueves 19 de Noviembre de 2009
Jesús Navas sale del cascarón. El niño que no quería crecer ha contentado con su llegada a la selección a todos los que le animaban a dar un paso que, no se olvide, ha sido muy grande para él. Habrá que ver cómo se desenvuelve este Peter Pan en el mundo de los adultos, como podría de alguna forma llamarse al ambiente de la selección absoluta. Quizá la incipiente perilla que lucía ante el Villarreal, cuando ya sabía que esta semana estaría en la lista, era una forma de decir que ya no es un imberbe.
Pero es que el Jesús futbolista siempre ha tenido que luchar con el Jesús que sólo disfrutaba como siempre lo había hecho, jugando en el barrio con los amigos. Siempre liviano, incansable, descarado… Pablo Blanco, responsable de la cantera del Sevilla, suele acuñar frases lapidarias con la facilidad con que caza talentos. "Regateaba hasta los charcos". Recuerda que un día de lluvia en un campo de albero fue a ver a un portero, pero allí mismo le dijeron que se fijase en Jesús, un chico que la formaba todos los días pero del que los ojeadores pasaban al ver un niño escuchimizado, en el que las calzonas casi tapaban las medias, junto a chavales en los que la pubertad ya empujaba de verdad.
Todo siguió siendo un juego -incluso ganar títulos- para un Navas refugiado en la plazoleta de su pueblo, Los Palacios, y en su casa, en el seno de una familia religiosa, neocatecúmenos nada más, pese a que las malas conciencias hablaron hasta de una secta.
Este paso es uno más, pero le quedan más si quiere llegar al Mundial. El sensacional extremo continúa sintiéndose incómodo con todo lo que rodea el fútbol cuando el balón se para. Ése es su caballo de batalla y con el que él y su entorno lleva luchando ya cuatro años y medio, desde que abandonó una concentración de la selección sub 20 en Madrid un día antes de viajar a Holanda para disputar el Mundial de la categoría. Ese mismo verano ya encendió de verdad las alarmas dejando a sus compañeros colgados en la pretemporada del Sevilla. Salió corriendo en un entrenamiento para refugiarse en el autobús y en pocas horas sus padres estaban en el hotel para llevarlo a casa. Ha superado muchas etapas, pero su entorno llegó a temer que en una de sus crisis lo tirara todo por la borda o que una mañana se levantara diciendo que no jugaba más al fútbol. Y, poco a poco y con ayuda, fue regateando sus miedos. Todos menos el de la selección, a la que fue alimentando una fobia tal que le hacía pedir como condición para conceder entrevistas y ruedas de prensa que no le preguntaran por ella.
En el campo no, en el campo es una fiera donde su gran timidez es devorada por ese gran futbolista que es. Ahí se enfada, protesta, grita a los árbitros y se revuelve contra defensas con cara de asesinos. Una agresividad que se vuelve un flan con un micrófono delante o en la soledad de los tiempos muertos en una concentración. Ahí no tiene el balón para refugiarse en él y ahí es un niño en un mundo de hombres. Él mismo se está dando cuenta de que es el momento de crecer y de que el Mundial es una oportunidad que sólo la pueden disfrutar gente como él
11Rivero16/11/2009 - 01.50
10TITO SEVILLISTA16/11/2009 - 00.06
9algecireño15/11/2009 - 19.37
quien te kres que eres para llamarle bicho? y sera mu endeble y to lo que tu kieras pero noveas como juega...cuando coja confianza en la seleccion y juegue como el sabe se le callara la boca a mucha gente..y que me cuentas de gutii?? guti ya a sus años me parece ami q se puede ir jubilandoo... NAVAS CRACK
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Muy mal el titular y lamentable la linea editorial. Flaco favor a un jugadorazo que ha pasado por un infierno que el firmante ni conoce ni padece. Este tipo de cosas le perjudican.
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