Miércoles 21 de Octubre de 2009
La vida es así. Te espían para intentar encontrarte algo que te haga dimitir en tus ansias presidenciales pero no lo consiguen. Aguantas y te comes un sapo. Te culpan y te echan en cara haber admitido el espionaje ante la prensa y te tragas otro sapo. Vas a la reunión de la junta, nadie le osa toser a Joan Laporta, ratificas al director general, aplaudes el aumento de sueldo y luego, para colmo de la humillación, te sientas en primera fila para escuchar al director general y al presidente luciendo palmito en rueda de prensa. Y, para colmo, te vas a comer con ellos a can Cava. El sapo ya es de tamaño familiar.
Los medios y los tertulianos, al día siguiente, decidieron casi unánimemente que Jaume Ferrer ya no estaba habilitado para aspirar a la presidencia. Ni por ética, ni por moral, ni por dignidad. La lapidación pública se sustentaba en tres argumentos. Primero: es un pelele sin personalidad que ha tenido cuatro ocasiones para dimitir y no lo ha hecho nunca. Segundo: no se va para no tener que avalar. Y tercero: piensa más en él que en el Barça.
Sin embargo, antes de perpetuar tanta sentencia absoluta, quizá hay que reparar en la penúltima trampa que propició que Ferrer, Franquesa y Boix quedaran como tres 'culs d'olla' ante la opinión pública. Cuatro días antes de la reunión, se filtró que la junta está dividida diez a ocho y que, con tres de los cuatro vicepresidentes espiados a la cabeza, se iba a pedir la cabeza de Joan Oliver en la reunión del viernes. La misma noche del martes, en RAC 1 y desde Buenos Aires, Perrín ya negó rotundamente esa información. Asistí, también ese día, a la forma como dos de esos tres vicepresidentes que presuntamente iban a forzar el cese del director general llamaban a algunos de los periodistas deportivos más influyentes del país para avisarles de que no era verdad, que no tenían ninguna intención de pedir que el tema se pusiera, ni tan siquiera, en el orden del día de la reunión. Pero ya era demasiado tarde. La penúltima trampa para desacreditarles ya estaba en marcha. Ya era imparable. El plan astutamente urdido pasaba, de nuevo, por desprestigiar a Jaume Ferrer (y de paso a Boix y Franquesa), haciéndoles quedar como unos cobardes que a la hora de la verdad no se atrevieron a plantar cara a Laporta.
Ante tanta guerra interna para el desgaste de Ferrer, comprendo que la resistencia también sea un valor. Entiendo la postura de que si te quieren echar de un sitio no des el placer de irte. Por eso, si Ferrer sigue empeñado en querer ser presidente del Barça, pues adelante. Nada de lo que ha pasado hasta ahora le invalida. Al contrario, su gestión en las secciones y en el márketing han sido positivas. Y además está en su pleno derecho como cualquier socio de presentarse.
Cualquier socio, que tenga dinero, claro. Porque la criba para ser candidato a la presidencia del Barça es antidemocrática. No todos los socios lo pueden ser. El dinero es un impedimento. Es más, como ha denunciado alguna vez el ex directivo Evarist Murtra, debes ser multimillonario (en euros) para poder avalar el 15% de un presupuesto de 400 millones y, entonces, ya no todos somos iguales ante la ley. Y esto, en un club popular, como ha sido históricamente el Barça, es una injusticia social de muy difícil corrección
Me ha gustado
Ver que en Valencia se toman un empate contra el Barça como una auténtica victoria. No hay mejor señal para asegurarnos que vamos muy bien. Y es que casi lo mismo pasó en Milán contra el Inter, que los 'tifossi' se fueron a casa resoplando por no haber perdido contra el vigente campeón de Europa, ese equipo capaz de meterle seis al Real Madrid en el Bernabéu y desperdiciar cuatro ocasiones más. Es decir, Guardiola ha subido tanto el listón del Barça que ahora, para un grande de Europa, empatarnos y que no les metamos ningún gol ya es celebrado como una proeza local. Y es que el Barça de antaño quizá es menos espectacular que el de la pasada temporada, ha perdido algo de velocidad (en el ritmo de circulación de balón y en la presión), tiene menos gol pero me parece todavía mucho más sólido como equipo. Defensivamente, no recuerdo otro Barça tan bien trabajado como este. Otro bravo por Guardiola.
No me ha gustado
Que el Comité de Competición no actuara de oficio con el pisotón, sin balón, de Weligton a Messi. Pero todavía me ha gustado menos lo que hizo Navarro, capitán del Valencia, a Leo a los trece segundos del partido de Mestalla y captado magníficamente por las cámaras de TV3. Pisarle el tobillo al rival, por detrás, con el balón a cuarenta metros, sólo para marcar el territorio y amedrentarle es mucho más grave que un vídeo promocional de faltas y espartanos con falditas. Es terrorismo futbolístico. Con la traición, premeditación y frialdad con la que actúa el defensa del Valencia es lógico que ningún colegiado lo pueda ver, pero el Comité sí. Y si no lo ha visto, el Barça tiene que mandarles el DVD porque una cosa es ser elegante y la otra es que nos lesionen al mejor jugador del mundo. Basta ya. Actuemos. Velemos por la seguridad de nuestras estrellas. Esta sí es importante.
Mala leche
1. Suerte que Dani Sánchez Llibre, a diferencia de Joan Laporta, jamás dijo en voz
alta que con él de presidente, las estrellas del Espanyol no se irían del club por la puerta de atrás.
2. Si yo fuera seguidor del Everton, ya sé qué promoción me gustaría que me regalara mi periódico: un balón de playa rojo.
3. ¿Por qué esta semana los medios catalanes que han puesto a parir sin piedad a Ronaldinho durante dos años se han vuelto de golpe tan Ronaldinhistas? ¿Dónde juega esta noche el Milán? Ah, claro, claro...


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