Miércoles 04 de Noviembre de 2009
El presidente del FC Barcelona tiene su mérito. No era fácil, pero ha conseguido que en Barcelona ya haya más laportólogos que laportistas. Se multiplican los analistas que estudian cada movimiento de Joan Laporta, especialmente desde que sus flirteos con la política y el independentismo han ido a más. O, al menos, ya no los esconde tanto como antes de que el Barça consiguiera su tercera Copa de Europa en Roma y de que él se percatase de que ya estaba consumiendo la cuenta atrás de su mandato.
Laporta entró en el club azulgrana siendo comparado con John Fitzgerald Kennedy. No sólo por el tupé, sino sobre todo por su carisma, sus ganas y sus aires de renovación. En su móvil sonaba Braveheart, no tenía complejos y era joven, guapo y sobradamente preparado. Pasados seis años, mantiene la mayor parte de estas virtudes pero, igual que hay veces que ni él mismo se reconoce, se ha desvanecido su don de gentes entre buena parte de los aficionados del Barça. Ha decepcionado a tantos amigos y seguidores que, hoy por hoy, parece que sólo el sector catalanista que ve en Jan una esperanza de liderazgo político se pelearía por él. A partir de ahí, podemos inventarnos tantas teorías de la conspiración como convenga, pero la realidad ha sido muy distinta. Aunque se culpe a un enemigo exterior inexistente, sus antagonistas siempre los ha necesitado dentro: Sandro Rosell, Ferran Soriano, Jaume Ferrer... Demasiados líos para un solo hombre. Demasiados goles en propia puerta. Demasiada fe en sí mismo como para prescindir de colaboradores que le frenaban (Anna Xicoy, Jordi Badia...).
A Kennedy le sucedió Lyndon B. Johnson y después Richard Nixon. Éste fue el presidente que cerró la vergüenza de la guerra de Vietnam, el primer presidente norteamericano que visitó China y, con su mandato, la economía de los Estados Unidos tuvo la estabilidad que daba tranquilidad a los ciudadanos. Sin embargo, Nixon ha pasado a la historia por el Watergate, un escándalode espías de tres al cuarto entre partidos políticos.
Nixon negó estar al tanto del asunto pero el tema se complicó cuando se descubrió que el presidente de Estados Unidos sí estaba al corriente de las escuchas. Nixon, por la mentira, no tuvo más remedio que dimitir. Todavía, apegado de sí mismo, al subir las escalerillas del helicóptero para dejar la Casa Blanca, Nixon hizo la señal de la victoria con la mejor de sus sonrisas. Estos días, en el Teatre Lliure de Barcelona, representan magníficamente Nixon-Frost, una obra sobre la confesión del presidente que llegó años más tarde de dejar el cargo. Vayan a disfrutarla. A ver si ese Nixon que interpreta impecablemente Lluís Marco les recuerda a alguien
Me ha gustado
Ver que tiene tantas ganas de ser presidente, que lo resiste todo. Iba a dimitir tras la moción de censura, pero se quedó. Laporta le metió a Sala i Martín para señalarle como delfín y Ferrer no se amilanó. Desde el club le pusieron espías para intentar invalidarlo como candidato y, tras un arrebato inicial, se tragó el orgullo, apretó los dientes y decidió aguantar para no sacrificar el anhelado premio final. Una vez se publica el tema de los espías, le señalan entonces como el bocazas que admitió el escándalo en una cena 'off the record' con periodistas. Le ponen palos en las ruedas y él, en sus trece, no se rinde con la esperanza de ser el candidato continuista. Alguien le tendría que advertir, sin embargo, que las encuestas que ya circulan por la ciudad dan a otros candidatos mejor posicionados que él. Curiosamente, Sandro y Soriano, dos vicepresidentes que en su día optaron por alejarse de Laporta. Abre los ojos, Jaume. Aunque, si te vas, eso sí, ellos tendrán lo que buscaban
No me ha gustado
Que el club haya pagado 56.000 euros (casi 10 millones de pesetas) en detectives para investigarse entre directivos. Si no se fían de ellos mismos, que lo paguen de su bolsillo. O que se vayan a casa. No me ha gustado tampoco que, encima, el presidente se mofara de todo el barcelonismo subiendo al avión de Málaga hablando con su reloj y canturreando la banda sonora de Henry Mancini de La Pantera Rosa. No me extraña que dos fundadores del Elefant Blau, Albert Vicens y Agustí Benedito, anden tan preocupados. El ex vicepresidente primero incluso escribe en La Vanguardia que "es triste comprobar que el espíritu del Elefant Blau y del 2003, basado en transparencia y la honradez, se desvanece día a día". Benedito incluso se plantea ir a las elecciones para recuperar el juego limpio en el Barça. Ambos constatan, como tantos otros socios, que el presidente se ha bajado del Elefant Blau y se ha subido a la pantera rosa. A este paso, Sala i Martín, al fin podrá montar su 'Zoo d'en Pitus'
Mala leche
1 Pichichi particular: Villa, 6; Ibrahimovic, 5; Eto'o, 2 (un partido más). Si uno mete goles, y el otro lleva el Barça a los juzgados, ya no hay color en la comparación.
2 ¿Cómo queremos que los colegiados vean penaltis y fueras de juego si, como en Málaga, descubrimos que no distinguen a Messi de Chygrynskiy?
3. (Dedicado, con cariño, a Toni Soler): ¿Por qué no me habías dicho que la Penya había inaugurado una sección de balonmano? Ah, ¿esos 38, eran puntos? ¿No eran goles?
38Walter30/09/2009 - 20.31
37Así es 30/09/2009 - 20.18
Bosch, cada triunfo del Barça te debe producir mal de panxa. Esto es de locos.
36Ramon30/09/2009 - 20.13
Au vinga, Bosch, assossega't, que aviat ja podràs tastar una mica del pastís. Que bé que s'ho passeu, ben escarxofats i vivint sempre del Barça. Qui us llegiria? Au vinga, treballa una mica com tots els altres i demostra amb fets tanta ètica i honestedat publicada. Demagogs.


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El prestigio de este periodista se puede medir por la apocalipsis que pronosticaba. Es decir, no es mucho. Es decir nada. Vamos que no tiene prestigio.
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