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Sábado 15 de Agosto de 2009

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El encanto del Olímpico berlinés evoca la gesta de Jesse ante Hitler en 1936
Redacción - 15/08/2009 03:00

Las mismas piedras, la puerta de maratón. Incluso el pequeño estadio adyacente en el que Adolf Hitler disfrutaba de las milimétricas exhibiciones gimnastas del poder nazi. Todo sigue ahí. La Copa del Mundo de fútbol de 2006 fue la excusa perfecta para lavar la cara al viejo Estadio Olímpico de Berlín, pero se respetó la esencia de uno de los escenarios deportivos más emblemáticos del siglo XX, el lugar en el que Jesse Owens, Hitler y los Juegos Olímpicos de 1936 confluyeron.

Ahora, el Mundial de atletismo recupera la esencia de Owens 73 años después y hace justicia al que fue uno de los mayores símbolos de la lucha contra el racismo. No sólo el estadio recuerda al genio negro que ganó cuatro medallas de oro (100, 200, 4x100 y longitud). También lo hacen posters, carteles, largos reportajes en los periódicos alemanes y hasta una exposición sobre la gesta del hombre que venció a Hitler cuando el fuhrer deseaba que aquellos Juegos fueran la exaltación de la raza aria. El dictador no estrechó jamás su mano como sí hizo con los otros campeones.

A Owens su gesta le convirtió en un mito sólo muchos años después. Tuvo que acabar su carrera corriendo como profesional en peculiares desafíos contra caballos. El Estadio, gracias a las reformas que de 2000 a 2004 supusieron un gasto de 242 millones de euros, mejoró sin perder su aire antiguo. A la maravilla arquitectónica que diseñó en los años 30 Werner March, un avanzado a su tiempo, se añadió un concepto de iluminación artificial única para los estadios de fútbol (aquí juega el Hertha Berlín) pero más común en los coliseos de la NBA: el público está sentado a oscuras, sin luces que le deslumbren, y todos los focos se centran en el terreno de juego. O sea, y durante este Mundial, en una llamativa pista de tartán azul. Hasta el día 23, el Estadio Olímpico puede acoger a 67.000 espectadores, todos sentados y cubiertos, ya que las últimas obras dotaron al recinto de una visera que cubre todo elrecinto.

La nieta de Jesse

El Mundial y la IAAF han querido honrar el recuerdo de Owens y del saltador alemán Lutz Long, con el que vivió un duelo deportivo en los Juegos del 36. Vienen a Berlín Marlene, la nieta de Owens, y Kai, el hijo de Long, del que la leyenda –discutida por algún historiador– cuenta que incluso ayudó al norteamericano durante final del 36 y le aconsejó dónde batir sus saltos, para acabar perdiendo ante Jesse, al que la selección americana homenajeará colocando las iniciales J.O. en las camisetas

  
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Owens, oro en longitud, flanqueado por el alemán Long (saludo nazi) y el japonés Tajima

Owens, oro en longitud, flanqueado por el alemán Long (saludo nazi) y el japonés Tajima AP

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