Domingo 24 de Mayo de 2009
La alpinista tolosarra Edurne Pasaban, que el pasado 18 de mayo holló la cima del Kangchenjunga (8.586 metros) en el que es su duodécimo 'ochomil', aseguró ayer en el Hospital MAZ de Zaragoza, donde se recupera de las lesiones que sufrió en el descenso, que "motiva saber que en otoño podré ir al Sisha Pangma (8.027)".
Sobre la cama del hospital de la capital maña, Pasaban recordó que las primeras preguntas que le hizo al médico Ricardo Arregui cuando revisaba sus dedos eran si iba a estar bien para septiembre, a lo que el galeno le contestó que "sí, pero con un verano tranquilo y de playa y sin pisar hielo", por lo que ya sabe que lo que deberá hacer será entrenar con "bicicleta y corriendo en la playa".
Ahora su objetivo es recuperarse de las lesiones y empezar a preparar una nueva expedición, aunque la tolosarra reconoció que la familia le ha insinuado "que pase", que renuncie, a los dos ochomiles que le quedan completar las catorce montañas de más de 8.000 metros del planeta. Edurne, sin embargo, no está dispuesta a parar ahora y señaló que la motivación le llega "por el cariño que te da la gente y es lo que te da la fuerza para tirar para adelante".
Al Kangchenjunga lo calificó como una montaña "enorme con un volumen gigante y muy larga. Las referencias que tenía eran duras y ha sido así". Bromeó cuando reconoció que ya ha hollado el Kangchenjunga porque sabe que "ya no vuelvo más".
Al respecto de su compañero de expedición, el alavés Juanito Oiarzabal, que sumó su vigésima tercera ascensión a un ochomil, Pasaban confesó que "hay personas y personas y luego está Juanito, que es de otra casta" y recordó que Juanito ya estuvo en el 'Kang' en 1991. "Las pasó canutas y todavía tenía ganas de volver", señaló Pasaban que añadió que "de cabeza es un tío duro y los ochomiles que ha hecho ha sido por ser como es".
A pesar de lo sucedido, Pasaban no está dispuesta a renunciar a su carrera por serla primera mujer del mundo en hollar los catorce ochomiles, en la que está igualada con doce ascensiones con la austríaca Gerlinde Kaltenbrunner, mientras que la italiana Nives Meroi suma una menos.
"Las congelaciones son más leves de lo que pensaba y ahora lo que tengo ganas de recuperarme del cansancio y descansar y, por qué no, pensar más allá. Ahora estoy bien pero todo ha sido muy rápido, pero lo que te anima es estar en casa y volver a estar con tus padres y tus amigos", dijo.
"De las congelaciones estoy mejor de lo que pensaba al principio, aunque en los pies, en los que ya sufrí congelaciones en el 2004 en el K-2 (8.611), vuelve a haber en dos dedos, pero con una recuperación bastante corta", dijo.
Al respecto de las quemaduras por hipotermia en el pulpejo del primer dedo de la mano derecha se mostró esperanzada de que "no haya que tocar nada, aunque es el que más negro está".
Una de las preocupaciones que tenían los médicos era la traqueobronquitis que ya arrastraba antes de hacer cumbre en el Kangchenjunga, que incluso le impedía hablar y que le producía tos pero había que "descartar una neumonía". "Cuando estás allí dices que es el momento de subir y no te preocupa tanto lo que te está pasando de la tos, pero creo que me ha afectado a la hora de subir y ha afectado a la hora de subir y sobre todo en el descenso y ha hecho que tuviera un agotamiento increíble", comentó.
Pasaban recordó que para los componentes de la expedición el haber llegado al campo IV supuso la tranquilidad de decir "ya está, pero mi problema comenzó del campo IV hacia el campo III" cuando le llegó "el agotamiento, tiro la toalla y les digo: 'dejadme aquí'".
Pasaban alabó el trabajo realizado por todos sus compañeros porque "me tuvieron que bajar a rastras" para hacer un camino que normalmente cuesta una hora y que a ella le costó hacer "cinco horas"
Todos los comentarios pasarán un filtro previo a su publicación. Verifica tu comentario antes de enviar para evitar envíos masivos
Enlaces recomendados: Hoteles
Copyright (©) 2009 El Mundo Deportivo S.A. - Todos los derechos reservados